En una sociedad que aspira a la democracia, las agresiones a defensoras y defensores de derechos humanos es un retroceso, pues ellas y ellos cumplen una función social muy importante, como lo es la denuncia y protección de los derechos humanos, por lo que nadie tendría que ser indiferente, ni callarse ante este tipo de hechos, sino que la ciudanía debe demandar que se garantice y respete la labor de las y los defensores.